Un cuento para cada día
Alhaurín de la Torre, Málaga, Andalucía, 28 de marzo de 2003
Carta Para el señor Cardenal
Xacru@aol.com
Su estimada,
reverendísima Eminencia Señor Cardenal:
El motivo que me obliga a escribirle a usted e interrumpir su sagrado y
laborioso día es que, bueno perdone, primero déjeme presentarme: me llamo
Rosendo Pascual de la Torre, y, para ir al grano le diré que tengo problemas
con mi esposa por causa de del nuevo párroco de la capilla de Monte Arriba.
Ella, mi esposa, se llama Margarita Figueroa, y también es una fiel y devota
católica, apostólica, romana como yo. Resulta pues...
Déjeme decirle su Reverendísima, que desde pequeño he dedicado toda mi vida
a llevar el catecismo a mis hermanos. Muchas hostias por mis manos han
pasado, que yo mismo preparaba en la tostadora del padre Robino, y que por
supuesto, han tomado grandes personalidades de mi pueblo, desde luego,
personas ya
consagradas al servicio de la voluntad de Dios y María. Son pocos los
sacramentos que me quedan por tomar, y, espero que el último sea el de la
extrema-unción, cuando mi alma se decida partir hacia la eternidad y asi
poder encontrarme con todos los santos de mi devoción, y espero que sea el
adrecito Robino el que me la dé.
Señor Cardenal, para mi es un gran honor haber sido proclamado diácono de la
parroquia María De Los vientos, pues en ella hice mi primera comunión, fui
cursillista y dirigí muchos retiros matrimoniales, y, este año pienso irme
de vacaciones a Jerusalén, regresando vía el Vaticano para poder ver la
santa cede y disfrutar de la misa papal dominical. Además, todos los
domingos, después de la misa, me dedico a llevar a un grupo de hermanos
feligreses a la montaña santa en Juanajuate, cerca de la capital, y nos
hemos impuesto la meta de rezar cinco rosarios en tan sólo tres horas.
Bueno, como le iba diciendo, mi esposa y yo hemos compartido en las
actividades de pastoreo parroquial. Todo nos marchaba al dedillo hasta el
día
en que llegó el nuevo párroco a ocupar la capilla del Nonato, situada en
Monte Arriba, barrio cercano al mío. Esa capilla la administraba, digo,
perdón, la pastoreaba un sacerdote capuchino, de la orden de los descalzos,
muy buena gente él, pero no sé porque se lo llevaron a otro lugar. Bueno,
lo cierto es que ahora éste nuevo padrecito, llamado Rosendo Rivera, que
también es de los descalzos, ha cambiado totalmente las cosas, ya que según
se dice, es amante de la nueva teología esa de la liberación. Pues, sucede
que mi
esposa se enteró del nuevo padrecito y ahora resulta que le gusta mucho ir a
sus misas. También ese padrecito es joven, y Margara esta fascinada. Ay, mi
Margara está caminando también, y ya no me cocina los amarillitos en
almíbar, como solía hacerlo antes, sino que ahora, encima de hacerlos de
otra manera, los coge y se los lleva al padrecito ese. Señor Cardenal, nos
estamos divorciando, y todo por culpa del padrecito ese. Me duele mucho que
tenga que romper el santo sacramento del matrimonio, pero ya no puedo más.
Ya no rezamos el santo rosario juntos, ni asiste ella conmigo a la iglesia
del padre Robino. Ella prefiere ahora ir a limpiar la oficina del padrecito.
Señor Cardenal que usted me aconseja, por favor. Ya van más de dos años que
estamos separados. La semana santa ya no es la misma y la cuaresma es una
agonía.
Adjunto le incluyo mi dirección, teléfono y fax de la parroquia. Necesito su
consejo espiritual. Le pido su bendición. Muy servicialmente de usted queda,
Rosendo Pascual de la Torre.
.D. Si fuera posible déle una asignación especial a ese padrecito, me haría usted un gran favor. Envíelo a Centro América, ya que él está muy preparado para atender asuntos relacionados a la teología esa de la liberación y allá hay mucho catecismo de guerrilla. Bueno, desde luego, esto es una sugerencia amorosa.. como usted ve, le envio un cheque muy substancial...píenselo bien.
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