Un cuento para cada día
   Alhaurín de la Torre, Málaga, Andalucía,  27 de marzo de 2003

  CANYAMERES 66 

Empezó a sonar el busca en el momento más patético de la película, justo en la escena en que Ralph Fiennes se ve obligado a dejar a su amada malherida en la gruta y se abrazan con un beso emocionante, y él le promete: Volveré a recogerte, y la deja con el libro de Herodoto, un lápiz y una linterna, y se va en busca de ayuda, deslumbrado por el sol del desierto y por la obsesión de volver, urgentemente, a buscarla. A unos cuantos espectadores se les encogen los ojos, entre lágrimas. Me gano el odio de numerosos vecinos de butaca, y aún más cuando tengo que molestar a toda la fila para poder salir y llamar desde fuera de la sala.  Cuando voy al cine suelo sentarme junto al pasillo, pues siempre puede ocurrirme algo así. Pero hoy he venido con Ángela y no he querido castigarla a ver la película desde un lateral. Llamo a comisaría y se pone Raúl:

n    Oye, tienes que venir rápido. Han encontrado un bonito espectáculo en   una casa cerca de la Via Julia. Cinco cadáveres colocados en una especie de ritual. Te va a hacer gracia.

 Él siempre con su humor macabro. Tomo nota de la dirección. Tengo que volver a incordiar a toda la fila para recoger mi cazadora y despedirme en susurros de Ángela. Un beso y luego te llamo a casa, lo siento, es algo urgente. Está tan emocionada  que me despide con una mezcla de apasionamiento y distancia, transformada por el viento romántico del film. Vuelvo a hacer levantar a los cinéfagos y una chica ya no puede aguantarse más y me insulta en algún dialecto germánico.  

Canyameres, 66. Es una casa de dos plantas que hace esquina, estilo masia en miniatura. En el jardín de la entrada encuentro a mi compañero, apoyado en el muro, bajo una gran glicinia.

n    Hola Raúl, ¿ han venido ya los de la científica?

n    Si, están dentro. La jueza también ha llegado. Es tu amiga Solera la que está de guardia. -   Y se ríe sardónico.

La jueza Marta Solera es una vieja amiga mía. En un juicio a un pederasta cibernético, al cual había logrado enganchar atrayendo niños desde Internet, para regalarles, en rincones ocultos de Montjuic, caramelos rellenos de carne, me sancionó por desacato. No estuve nada de acuerdo con que lo absolviera por un defecto de forma, durante la detención. ¡ A aquel cacho de cabrón !. Desde entonces mis jefes procuran retirarme de los casos que lleva ella. Estoy encantado de volver a verla.

Raúl me explica sucintamente la escena. Son cinco miembros de una misma familia. Los padres, sobre los sesenta años y tres hijos, una chica sobre los treinta, un chico de veintitantos y otra chica un poco más joven. Regentaban un bar-restaurante. El típico bar gallego, de clientela fija y tapas de pulpo con ribeiro. Los han encontrado en el salón, todos boca arriba, con los brazos extendidos. Los cuerpos en círculo, con las cabezas tocándose. Formando una especie de estrella, o como dice él, de asterisco. Todos llevan en la cabeza una capucha blanca con la cruz de Santiago. No hay ningún rastro de violencia. No deben llevar más de tres o cuatro horas muertos. Ha llamado a la policía un amigo del hijo, que había venido a traerle unas cintas. Le ha extrañado mucho que no le abrieran. Estaban las luces encendidas y se oía ruido en el interior.  Como la puerta estaba abierta ha pasado y se ha encontrado con la tragedia. Estaba puesto a todo volumen el Réquiem de Mozart. En la versión de Karl Böhm. Una buena versión, me informa Raúl, quien no deja de ser un analfabeto funcional al que le encanta la música clásica. Cuando ha llegado el forense los cuerpos estaban aún calientes. Los de la policía científica hacen fotos y recogen huellas por la estancia. Les saludo. La jueza frunce el ceño al verme:

n    Hombre Manolo, cuanto tiempo sin vernos.- Sabe que me toca mucho los huevos que me llame Manolo, y por eso lo hace. - Mire la nota que han dejado.

Me extiende un folio amarillento, escrito a máquina.

“ Vamos a reunirnos con nuestros compañeros que ya están viajando hacia Ti. El cometa nos espera para un nuevo viaje. Somos felices por poder dejar al fin estos contenedores temporales y volver al espacio de lo infinito.”

Y como firma un signo cuadrangular, semejante a una letra hebráica. Están empezando a empaquetar uno de los cadáveres y la jueza comprueba la filiación junto a su ayudante. El muerto es un señor mayor, bajito, con una prominente barriga, la cara ajada, de campesino. Le pregunto a la jueza:

n    ¿ A usted que le parece todo esto ?

n    Pues no sé. Para eso está la policía ¿no? - y me enseña los dientes, en una especie de sonrisa -. En todo caso parece ser que la gente ve demasiada televisión. Demasiado Informe Semanal. Y encima estos les darán más carnaza a los chicos de la prensa. - Ella siempre tan tierna.-  Hay que cuidar las declaraciones. No se le vaya a escapar nada delante de los periodistas ¿eh?

n    Si, ya, no se preocupe. ¿Y como han muerto?

n    Parece una mezcla de barbitúricos, o alguna otra droga, y alcohol. Copiado de los yankis esos que se mataron el otro día. De todos modos no lo sabremos con certeza hasta que tengamos el resultado de los análisis.

Esta tía siempre consigue ponerme de los nervios. Con su suficiencia juvenil, su rollo de perdonavidas progresista de Jueces para la Democracia, y a la vez, viviendo en una mansión con pista de tenis y filipina. Además tiene el secreto convencimiento de que todos los policías de más de 40 años hemos sido de la Político-Social, que nuestra diversión juvenil preferida era torturar comunistas.¡Que tía más gilipollas !. Aunque está bastante buena, para que nos vamos a engañar. Observo, uno a uno, los cadaveres y uno de la científica me muestra lo que han encontrado en sus bolsillos. Nada reseñable. Tienen una expresión relajada. No han muerto sufriendo, precisamente. Yo diría que tienen pinta de haber muerto por sobredosis de opiáceos u otro tipo de tranquilizante. A primera vista la historia no me cuadra para nada. La casa no tiene ninguna pinta de monasterio. Es una casa normal, con su tele presidiendo el salón, su cuadro con ciervo saltarín de la pradera, la vitrina llena de recuerdos de su tierra gallega, un torico de Teruel, una virgen de Lourdes y toda clase de chorraditas de vidrio y cerámica. En uno de los cajones encuentro cartas del banco. Los últimos movimientos son de pequeñas cantidades, el recibo de la luz, sacar 50.000 pesetas. Transacciones normales. Fisgoneo por las habitaciones, en busca de algún tipo de propaganda interestelar, de las cartillas de ahorro. De indicios para reconstruir el retrato de los fallecidos. En la habitación que debe ser del chico, decoración heavy metal, libros y muñequitos para jugar al rol. Y un poster gigante de Michael Jordan. En la estantería encuentro algunos libros sobre extraterrestres y ovnis. Tienen pinta de haber sido usados, pero no tienen por encima tanto polvo acumulado como sus compañeros de estante. No hace demasiado tiempo que están allí.

n    Diles a los de las huellas que se miren estos libros, a ver si encuentran algo.- le digo a Raúl, que me sigue, observando calladamente.

También hay un ordenador, un clónico, con cd-rom y modem. Instintivamente lo conecto, aunque ya sé que no voy a poder acceder a él sin tener la contraseña. Lo apago y cuando vuelve Raúl le digo que se lo lleven los de la científica y me copien lo que haya en el disco duro. Le indico que recoja los diskettes.

Las habitaciones de las chicas no me inspiran ninguna relación con el suceso. Fotos de Brad Pitt y de guaperas del pop. Una máquina de escribir antigua, que podría ser con la que se ha escrito la nota de despedida.  En la habitación del matrimonio encuentro dos libretas del Banco Pastor. Una está a plazo fijo, con tres kilos y pico, y otra es la de las gestiones cotidianas, ingresos del negocio, pago de recibos y demás. Nada significativo. En una carpeta encuentro los títulos de propiedad de esta casa y de una casa y terrenos en la provincia de Ourense, en el término municipal de Xinzo de Límia. Vuelvo al salón y ya se han llevado los cuerpos. Voy a escuchar el contestador automático, pero Raúl me dice que la jueza ya ha recogido la cinta. No había nada importante, solamente un par de llamadas del chico que denunció los hechos. La jueza se va y me saluda desde lejos con ademán altanero. Le digo a Raúl que compre otra cinta para el contestador y grabe un mensaje pidiendo a los que llamen que si tienen algún indicio que nos fuera de utilidad que se pongan en contacto con nosotros, o que dejen sus datos. Nos iremos pasando, a ver si cae algo. Me enseñan las dos botellas de cava consumidas, supuestos receptáculos de la mezcla explosiva que se los ha llevado al otro barrio. No huelen a nada especial. Se las llevan para analizarlas. También se llevan el resto de la caja hacia el laboratorio, aunque no creo que los de Juve i Camps fabriquen cócteles especiales para suicidas galácticos. Vuelvo a la habitación del chico para ver si han encontrado alguna huella en los libros de ufología. Andrés está empolvando el último de ellos. Niega con la cabeza. No ha encontrado ninguna huella. Sólo nos queda intentar averiguar donde han sido comprados. Encargo de esto a Raúl y de que haga un registro más minucioso e interrogue a los vecinos, a ver si vieron entrar a alguien ayer por la noche. Salgo fuera y registro el buzón. Sólo hay propaganda. Iré a hablar con el chico que descubrió los cadáveres. En la puerta me encuentro un enjambre de fotógrafos y alguna aficionada a la grabadora.

n    ¡ Comisario, por favor !

Tengo que parar mi huida y atender a una chica rubia, muy joven. Me clava el bolso en la boca del estómago.   

n    ¿ Ha sido un suicidio colectivo ? ¿ Guarda alguna relación con el suicidio del Rancho Santa Fe?

n    Por favor,  guapa, que me está haciendo polvo la barriga.

n    Uy, perdone.- y se retira un poco, lo justo para que pueda ir abriéndome paso.

n    Y además no soy comisario. Soy inspector. Por ahora lo único que tenemos son cinco personas muertas. Aún no hemos llegado a ninguna conclusión.

n    ¡¿Pero, hay un texto que hace referencia al suicidio de San Diego ?!

n    No puedo darles más información, lo siento. Está bajo secreto de sumario.

Y logro zafarme de los buitres informativos.

El chico no me cuenta gran cosa. Su amigo jamás le había hablado de ninguna creencia extraña, ni puede llegar a creerse que se haya suicidado. De vez en cuando echaban alguna partida de rol con compañeros de clase, pero sin nada más. Aficiones normales en su generación, videojuegos gore, mangas eróticos. Por la tarde se habían visto, estaba normal, con ganas de darles una paliza a los del otro equipo en el partido que tenían que jugar mañana por la mañana. La familia se comportaba normalmente, no había ninguna disputa especialmente grave. Sólo las normales discrepancias entre padres e hijos sobre los horarios de vuelta de las discotecas y esas cosas. Parecían una familia normal, bien avenida.  

Llamo a Ángela y me voy hacia su casa. Mientras conduzco por la ronda no dejo de reflexionar sobre el caso. Parece claro que el secreto está en la caja de cava. ¿Quién la compró?. ¿De dónde ha salido?. Quizás algún miembro de la familia odiaba en secreto al resto y los quiso matar, suicidándose con ellos. Pero entonces no hacía falta montarse está pantomima sobre el cometa Hale-Bopp. No logro intuir el móvil, y esto empieza a ponerme un poco nervioso. No tenían demasiado dinero, desde luego no el suficiente para matar a tanta gente. Otra de las cosas que me hace pensar en un asesinato, cometido por otra persona es lo de las capuchas blancas. Estaban demasiado bien colocadas, todas igual de planchaditas. Puede que uno de ellos se las colocara a los demás, pero entonces él no habría podido colocársela a si mismo tan perfectamente.  

Ángela me cuenta el final de la película, lo mucho que le ha gustado. Ha preparado una ensalada de berros y aguacate y un bacalao al vapor, con sanfaina. Ha decorado la mesa con mucho gusto: sobre el mantel de lino con inscripciones marinas ha situado unos mantelitos individuales con motivos griegos, blancos y azules; una jarra antigua, de cristal biselado, para el agua. Y su más moderna vajilla, de tonos suavemente cobalto. De centro de mesa ha colocado una botella de vinho verde.

Después de cenar, nos aseamos y nos vamos a dormir. Me dedico a visitar su cuello con mis labios y ella me devuelve decenas de petonets(1). Comienza por mi cara, pasa por las orejas y bajando por mi cuello me da la vuelta, me desnuda y se tumba sobre mí, también desnuda. Así se queda un rato; en mi, según ella, confortable espalda. Dándome besos sin mover la cara. Entre nosotros sólo hay sexo. O por lo menos eso es lo que nos repetimos continuamente. Sólo sexo. Casi me duermo, feliz entre sus caricias de manos y labios. Pero después baja y busca mi boca, nos atrapamos las pieles en un abrazo tierno y salvaje. Y peleamos en dura batalla: sus músculos fibrosos y suaves enfrentados a los míos, tensos y resabiados.  Mis manos están ansiosas por agarrar  su cintura, por pellizcar sus exaltados pezones. La perfección de ésta danza ensamblada nos hace gemir en diversos tonos y ritmos sincopados. Nos decimos cosas en el idioma establecido para estas ocasiones, se nos llenan las cabezas de colores intensos, de fuertes olores a felicidad compartida. Y al acabar, nos seguimos acosando a besos durante largas horas.  Mantenemos conversaciones en que el punto y aparte es un beso apasionado y la coma un petonet lleuger com un pardal (2).Reímos más profundamente. Y obviamos la colección de palabras prohibidas: amor, compromiso, mañana. Sólo hay sexo. Pero eso sí, follamos muy bien. 

En realidad no sé como puede aguantarme. Quizás porque somos muy diferentes. O porque no vivimos juntos. Ella es ejecutiva agresiva en una empresa de publicidad. Se pasa el tiempo de reunión en reunión, viajando por todo el mundo. Siempre con la agenda sobrecargada. Para verla tengo dos opciones: o quedar unas semanas antes y que me conceda una cita, como si fuera un cliente, o esposarla en un descuido, montar una buena acusación para detenerla y desconectar su móvil durante unas horas. A veces tengo que ponerme bastante pesado. No sé que busca en mí. Quizás zonas de su lado oscuro, un contraste radical frente a tanto hombre Armani y Antonio Miró que la rodea cotidianamente. Y un cuerpo protector, que la excite y relaje a la vez. Aunque a veces pueda parecer que en vez

(1) Besitos

  (2) Un besito ligero como un gorrión.

de corazón tiene un histograma, la delatan sus rincones románticos: su dormitorio decorado con ramilletes de mimosa, salpicados de diminutas rosas rojas, las pequeñas bailarinas art decó que pueblan los muebles del comedor. Siente una tendencia natural por los ambientes refinados, por conversar sin tiempo tomando una copa entre la elegante decadencia de los palacetes góticos, arropada por los trémulos de un pianoforte interpretando a Bach.

Yo, a parte de jugarme la vida por una escueta nómina, - basicamente porque todavía creo en aquello del servicio público, de la ley, la comunidad, etc. (aunque cada vez menos, viendo como los banqueros mafiosos que roban miles de millones o los políticos chapuceros de los GAL andan libres y el pobre desgraciado que roba un coche se pudre en la cárcel )- , me paso la vida pegado a la pantalla del ordenador. Me encanta hacer pequeñas animaciones, a partir de fotos o dibujos escaneados. Estos días estoy trabajando en dar vida a unas chicas dibujadas por Erté. Las estoy modificando, dándoles volumen, un cierto aire ciberpunk. Y disfruto con el juego más divertido, el de ir pasando de una página Web a otra, linkando, desde una apología de Maria Felix, a las fotos más eróticas de Naomi Campbell o de Drew Barrymore. O bajando todo tipo de programillas libres o sharewares, fotos, librerías de iconos, detallitos para mejorar el diseño de mi página. También me entretengo introduciéndome con diferentes personalidades en chats sobre temáticas sadomasos, sobre snaffs, buscando webs con imágenes o textos ilegales. Voy alimentando diversos dossieres de búsqueda y captura: pederastas en la red, nazis virtuales y reales, venta o distribución de materiales ilícitos. Y de vez en cuando logro reunir suficientes pruebas para convencer a mis jefes de que podemos meterle mano a alguno de estos hijos de puta.

Llamo a comisaría y Raúl me tiene preparado un jugoso informe. No tienen herederos directos. El único familiar vivo es un hermano soltero de la madre,  que vive en Venezuela, en un sitio que se llama Barquisimeto, o algo así. Aún no lo han podido localizar. El padre tenía un seguro de vida de 10 millones, pero no cubre los casos de suicidio. Lo mejor es la información que le ha facilitado una chafardera profesional, que controla la calle desde su atalaya del sexto piso, casi enfrente del lugar del crimen. Como tengo que ir por Nou Barris a seguir con la investigación, decido pasar a verla. Vió entrar, sobre las 9 y media de la noche ( estaba friendo unas empanadillas de atún congeladas, y su Juanito aún no había vuelto de jugar al fútbol), a un hombre alto, vestido con un chubasquero amarillo limón, cargando lo que le pareció una caja de vino. Le extrañó que llevara la capucha puesta, pues no llovía. Como está un poco lejos y no lo veía demasiado bien, pensó que igual estaba regando alguna vecina y le estaba cayendo agua. Aunque cuando le comento que es una casa de planta baja y no hay vecinos encima me da la razón y se queda con cara de haber encontrado el hilo de un expediente X.

n    ¿ Usted cree que los han envenenado ?

n    No sé señora, estamos investigando. De todos modos, muchas gracias por su colaboración. Nos es muy útil. Y, ¿no lo vió salir ?

n    Pues no, estaba viendo Sorpresa, sorpresa y cuando me cansé me fui a la habitación, que tenemos la tele pequeña, y acabé de verlo allí, en la cama. Y no vi nada más.

Le vuelvo a dar las gracias y me voy a echar un vistazo por el bar de los finados. El establecimiento hace esquina con la calle Molí. Tiempo atrás había sido una pizzeria donde vendían caballo. Las persianas chirrian con tonos de plañidera. En el interior nada hace pensar que los dueños pensaran en hacer un viaje tan largo. Las neveras están llenas de botellas, un congelador industrial que hay en la cocina está lleno de comida e incluso, en un jarro de vidrio, detrás del mostrador, hay una quiniela de esta semana rellenada, lista para llevarla a sellar. Desde luego, el o los que los han matado no han cuidado ningún tipo de detalles. Si se pensaban que con una nota estúpida y una calcomanía del ritual de los yankis nos ibamos a tragar lo del suicidio, lo tienen claro. Lo único que me falta es la razón por la cual que se ha cometido esta masacre. A falta de ideas decido pasarme por el banco, a ver si el director me puede comentar alguna cosa interesante, o si ha habido algún movimiento de capital extraño, en los últimos tiempos. No sé, algo. Los seres humanos suelen matar, en un altísimo porcentaje, por dinero o por amor/odio. En este caso no encuentro ningún indicio de lo segundo, por lo tanto sólo me queda el móvil monetario. Me llevo la quiniela, la sellaré, a ver si habérmela encontrado de esta manera me trae suerte. Llamo al banco y pregunto por el director. Se pone un hombre joven. Le explico el asunto y se queda totalmente impresionado. Le digo si me podría preparar un extracto de los movimientos de las cuentas del sr.Cobos, el finado, en los últimos seis meses y  si le va bien que me pase ahora. Me dice que mejor de aquí a media hora. De acuerdo. Mi nombre es Manuel Esteban. El suyo, Antonio Ayarza.  

Dando un paseo por la Via Julia, para hacer tiempo, topo con un Expert y me dedico a toquetear equipos de sonido y a trastear con los multimedia  y a hacer preguntas impertinentes, para tocarle las narices a la dependienta, como ¿ El floppy disk de este pentium 133, es de 3’5 de densidad ?.

Me mira con despiadada indiferencia y , sin abrir la boca, me entrega el manual de instrucciones.

Entro en un bar y me tomo un cortado. Hay un par de mesas con jubilados jugando al subastao. En una juegan silenciosos, taimados, diciendo lo justo para subrayar los acontecimientos del juego. En la otra todo es bullicio, discusión apasionada por una sota de bastos, cuando tenías que haber visto que yo iba de oros. Parece que en cualquier momento vayan a sacar la faca y liarse a puñaladas. A mi lado, en la barra, un tipo joven y un hombre mayor, con mono polvoriento, de currantes de la construcción , comen unos bocadillos acompañados de tintorro. Engullen en silencio, hipnotizados por el documental sobre camaleones que dan por la tele.

n    Pues yo fui al colegio con el chaval y era muy normal. Habíamos jugado juntos en el Luz Casanova y todo. Un buen chaval. Y además, hace poco que tenía novia. Iba con las greñas y las cazadoras heavys pero era un pavo enrollado. - salta el joven, continuando alguna charla anterior.

n    A esos los han matado por la pasta. El viejo debía estar cargado de millones. Era más agarrado que un chotis. Nunca cerraba por vacaciones, siempre currando, llenando la cuenta del banco. Ya ves para lo que le ha servido.- Y cierra la disertación con un buen trago de vino. 

Un poco más allá, ya cerca del banco, encuentro un local de loterías y quinielas. En el cristal un gran cartel escrito con un grueso rotulador verde:

  

                           Lotería  Primitiva 

          Premio Gordo 

13 - 3 - 1997        

Vendido Aquí                       

               ¡¡¡¡ 1.378 Millones !!!!

 

La combinación entre un boleto rellenado por un muerto y un establecimiento en que ha caído tal millonada me parece de un magnífico augurio. Dentro se agolpa un gentío considerable, unos sellando primitivas y bonolotos y otros simplemente comentando la jugada.

n    Pues yo creo que el tío se debe haber dado tal susto que debe estar atrincherado en el water de su casa.- le dice, socarrón, un jubilado con boina a otro.

n    Más bien debe estar camino del Caribe, a estas horas.

Parece ser que el afortunado no ha dado señales de vida y todo el barrio es una conjetura sobre el beneficiario de tan tremebundo pastón. Cuando al fin me toca, le pregunto a la señora lotera:

n    ¿ Y usted no sabe quien puede ser el agraciado ?

n    Pues no sé, joven. Debe ser alguien del barrio. Lo selló el miercoles por la tarde. Es un boleto de cuatro columnas, sencillo.- Y pone cara de ignorancia, de haberle dado muchas vueltas al asunto sin hallar una solución.

n    Gracias por lo de joven, le digo, sonriéndole.

El ágora diserta ahora sobre el tema de los asesinatos de la calle Canyameres. Ralentizo el paso y leo los cartelitos de las paredes para poder captar mejor la opinión de la calle. Un rapado, vestido con el típico chandal verde con la  banderita española en el lateral de la pierna, tiene la teoría de que han sido un grupo de yonkis, o en su defecto unos moros. O viceversa. Un señor con pinta de oficinista cree que es la influencia del fin del milenio y que, en el fondo, no dejan de tener razón todo estos que dicen que el mundo se acaba, que la cosa está muy mal y nos estamos cargando el planeta con tanta mierda como estamos echando continuamente. Su discurso me dispara hacía la calle y su voz de orate apocalíptico sigue golpeando mi cerebro durante un rato. Llego a la oficina del Banco Pastor y la mujer que está en la caja me dice que el director está reunido. Por la ansiedad de su mirada intuyo que tiene algo que decirme. Que quiere hablar conmigo. Pero como tiene una cola de tres personas esperando que las atienda, decido dejarlo para cuando salga de hablar con el director. Espero sentado a la puerta de su despacho. Sale enseguida, dorándole la pildora a un señor mayor, con maneras de propietario de pisos o de terrateniente. Cuando sale el señor, la chica del mostrador le indica algo señalándome y el director se dirige hacía mí.

n    ¿ Sr. Esteban ?

Yo asiento, extendiéndole la mano a la vez que me levanto.

n    Pase, por favor. - Y me hace entrar en su despacho.- Y siéntese.- me señala la silla frente a su mesa.

Es un hombre sobre los 35, alto, moreno, con media melena. Ojos aguileños, marrones y verdes, que parecen atacar con puños almohadillados, acostumbrados a seccionar con bisturí el alma de los que vienen a pedirle préstamos. Una persona enérgica y dicharachera. Debe ser navarro o riojano.

n    Me ha dejado usted patitieso. Elvira me ha comentado algo de una familia que habían encontrado muerta en el barrio esta mañana, pero no lo hemos relacionado en absoluto con el señor Cobos. Además, hoy no he tenido tiempo ni de hojear la prensa. En fin, le he preparado la información sobre los depósitos de los infortunados. Aquí los tiene.

Me entrega una carpeta con los movimientos de dinero en las cuentas. En una hojeada rápida, la única novedad que encuentro son cinco kilos en Letras del Tesoro y unas pocas acciones de Telefónica y joyas valoradas en un millón, depositadas en una caja de seguridad del banco.

n    ¿ Le consta que haya habido algún ingreso anormal en los últimos días, alguna trasferencia, algún movimiento extraño de capital ?

n    Pues no, nada especial que yo recuerde. Como puede comprobar en los resúmenes sólo ha habido los movimientos de cuenta habituales. He estado repasando los listados antes de que viniera y no he encontrado nada anormal. De todos modos, estúdieselos. ¡ Cuatro ojos ven más que dos !. ¿ No ?. Y además es su trabajo ¿ eh ?.- Y se ríe de su gracia. 

Es un hombre nervioso. O está nervioso por algo. Aunque se muestra sereno, afable, un punto simpático, sus manos juguetean continuamente con la pluma. Hasta dejar a la Parker mareada.

n    Pues si, ya les echaremos un vistazo más tarde. ¿ Conocía bien a la familia Cobos ? 

n    Bueno, a los padres los veía de vez en cuando. Hace poco vinieron para comprar acciones de Telefónica. Yo directamente los veía muy de higos a brevas, trataban más con Elvira. Antes iba de vez en cuando a comer por su bar, pero hace más de un año que no he ido por allí. El padre venía cuando tenía que hacer algún cheque por una cantidad alta, cuando tenía algún ingreso importante. Precisamente, ayer vino a verme. Quería que le preparara un cheque de un millón para el lunes de la semana que viene. Mire, aquí lo tenía preparado. - y me extiende un cheque al portador de un millón, aún sin firma.- ¿ Lo necesita para su investigación ?

n    Si, si me lo puede entregar. Lo adjuntaré con la documentación de sus cuentas. Todo puede servir en una investigación. Porque la cuenta está bloqueada ¿ no ?

n    Si, si. No podrá comprarse un coche con ese cheque, je, je.- Desde luego este tío tiene la gracia donde yo tengo los millones.-

n    ¿ Y no le dijo para que era éste dinero ?

n    Pues no. Normalmente no solemos preguntar a los clientes en que se gastan su dinero. Sólo si te comentan alguna cosa, o te piden algún tipo de gestión te enteras en que se lo han gastado. Pero no, el señor Cobos no me dijo nada más que si podía tenerle preparado el cheque para el lunes a primera hora de la mañana.

n    Muy bien, muy agradecido. No sé si se me olvido algo. Si se me ocurriera alguna pregunta o tuviera alguna duda respecto a los extractos, ¿ le puedo molestar con una llamada ?

n    Por favor, estoy a su entera disposición. Tenga, esta es mi tarjeta, puede llamarme a casa o al móvil. 

Me entrega su tarjeta y, casi antes de que me haya podido levantar de la silla, ya me ha abierto la puerta de salida. Nos volvemos a estrechar la mano. Al pasar por caja se me ocurre hacerle una pregunta a la empleada. Como está atendiendo a una señora hago mi andar más pausado y observo los anuncios de mayores rentabilidades, planes de pensiones y seguros a todo riesgo.

n    Quiero hacerle una pregunta a Elvira.- Al director se le escapa un tic por la comisura del labio, pero su voz es diáfana.

n    Muy bien. Si necesita algo más, estoy a su disposición.- hace como si se fuera, pero vuelve a girarse-  Pero si puedo responderle yo a esa pregunta.

n    No, muchas gracias, Ha sido usted muy amable.

n    Bien, pues mucho gusto, tengo mucho trabajo.- Pone cara de abrumado y se mete en su despacho, cerrando la puerta tras él.

La abuelita no entiende nada de lo que le explica la cajera sobre el bono de autobuses. A través de un vidrio longitudinal, paralelo a la puerta del despacho, entreveo a Ayarza, hablando apasionado por teléfono. Realmente, está un poco nervioso. Se va, piano piano, la abuelita. La cajera, a medida que me voy acercando, va mudando el semblante, hasta que casi empiezan a brotar lágrimas de sus ojos.

n    ¡ Que desgracia más grande !. Con lo feliz que se le veía ayer al señor Fernando. No era un hombre especialmente alegre, de esos que están todo el día contando chistes. No. Pero ayer parecía otro hombre. Estaba radiante.  Apareció a las 8 y media, nada más abrir la sucursal. Se le veía exaltado, con un destello de alegría en los ojos.- se queda, extasiada, con la mirada perdida en el encofrado y, de golpe, exclama: ¡¡Y que se matara esta misma noche, quien se lo iba a imaginar !!

n    ¿ Habló con él ?

n      Si, me preguntó por el director. Me dijo que tenía algo muy importante que tratar con él. Yo le dije que estaba muy ocupado, que miraría a ver si podía recibirle. Él me contestó que era muy importante, una cuestión de mucho dinero. Le vi tan feliz que no pude dejar de decirle: “Se le ve a usted muy feliz” y él me contestó, “ Hoy ha cambiado mi vida”, desplegando una sonrisa amplia, de gran bienestar. ¡ Nunca hubiera pensado que se refería a que se quería suicidar, con toda la familia!.

n    ¿ Y estuvo mucho rato hablando con el director ?

n    Si, estuvieron bastante rato. Antonio me llamó y me dijo que no le pasara llamadas, que no le molestara nadie. Cuando salieron Antonio guardó un sobre en la caja fuerte y acompañó al señor Cobos hasta la puerta.

n    ¿ Un sobre ? ¿ Cómo era el sobre ?

n    Era un sobre normal, pequeño.

n    Y el señor Cobos, ¿ llevaba algo cuando se fue ?

n    No me fije, pero me parece que no llevaba nada el señor Cobos. ¿ A que se refiere?

n    No, nada. Si llevaba algún papel, algún sobre, alguna carpeta, no sé.

n    Pues no recuerdo. - hace un esfuerzo memorístico - No, no me fijé. Lo siento.

n    Y, ¿ el sobre sigue estando en la caja fuerte ?

n    No lo sé. La combinación sólo la tienen él - señala al despacho del director - y el interventor, que está de vacaciones. Yo pocas veces tengo acceso a ella.

n    Iré a preguntarle - ella hace ademán de coger el teléfono para avisarle -  No hace falta que le pidas permiso, es sólo un momento.- y cuelga el auricular.

Entrar sin llamar en un despacho es un signo de mala educación, pero siempre puede aportar alguna sorpresa. Y las sorpresas pueden ser esenciales para desentrañar intrigas. Ayarza está dando gritos por el teléfono móvil.

n    ¡ Te digo que hay que!…, hombre, señor inspector.- y tapa el auricular. - ¿ Le puedo servir en algo ?-

n    Oh, perdone. Sólo quería hacerle una preguntita. Una estupidez.

n    Si, un momento - y vuelve a hablar por el móvil - Te llamo en cinco minutos. Vale, hasta luego. Que sorpresa- me dice, recomponiendo su corbata y su faz de mediocre jugador de póker.-

    ¿ Que puedo hacer por usted ?.

n    Elvira me ha dicho que el sr. Cobos le entregó un sobre ayer cuando se vieron.

n    ¿ Un sobre ?.- se queda un segundo, meditabundo.- No. Sólo hablamos de lo del cheque.

n    ¿ Y el sobre que guardó en la caja fuerte cuando se marchaba el sr. Cobos?

n    ¡ Ah !. Ya caigo. Elvira se habrá pensado que me lo dio el sr. Cobos.  No, no. Era un talón conformado que tenía que venir a buscar otro cliente. Debió asociarlo porque justo lo guarde cuando acompañé al

sr. Cobos…- y sonríe, con una suficiencia nada convincente.

n    ¡ Ya me extrañaba a mí que no me hubiera comentado nada al

respecto !.- Yo también le sonrío amigable - Pues muchas gracias, no le molesto más.

n      Siento que haya habido esta confusión tan tonta - me dice, mientras me  estrecha otra vez la mano.

n    No se preocupe, es normal que Elvira haya asociado una cosa con la otra - y me da la sensación de que tiene la palma de su mano sudada.  

Al salir, Elvira vuelve a tener cola de clientes, le digo adiós con la mano y ella me responde con una bella sonrisa. Es hermosa, lástima que la impresión mantenga oscurecidos sus fulgentes ojos esmeralda. 

La experiencia bancaria ha sido un tanto confusa. Necesito un cortado para darle vueltas al asunto. Que alguien que piensa suicidarse se presente en un banco a primera hora de la mañana, radiante de felicidad, para tratar un tema “de mucho dinero”, y que después sólo pida un cheque de un millón, no acaba de encajar. En esta historia hay algo muy extraño. Y el más extraño es el director, un tipo con pinta de yuppie triunfador, pero con un perfil claroscuro, simpático y canalla a la vez. Me siento en una de las terrazas de la plaza Angel Pestaña. Enfrente mío un grupo de rapados fuma porros sentados en un banco. Tienen un par de grandes perros sueltos, que no hacen más que molestar a sus congéneres que pasan atados a sus dueños. Contemplo a los grupos de jubilados que platican en el interior del Casal del Barri. Uno, solitario, lee afanoso el diario junto al café con leche. Cuando viene el camarero para pedirme que quiero tomar, suena el móvil. No puedo con más café y pido una cerveza y unas olivas. Es Raúl.

n    Oye, Manuel. Que estoy en casa de los muertos y acaba de llamar un tío que dice que es de un concesionario de Mitsubishi. Llamaba para confirmarle al sr. Fernando Cobos que a partir del martes podía ir a recoger el 4x4 que había encargado ayer por la mañana.

n    ¿ Un 4x4 ?

n    Si, y no un Suzuki de esos enanos, no. Una pasada de coche,

¡ Sobre los siete Kilos, tío ! Una pasada de carro. El Mitsubishi Montero más largo, con toda clase de extras, incluidas maderas nobles, doble airbag, ABS,... menos piscina y pista de tenis, lo que quieras.

n     ¿ Tienes su teléfono ?

n    Si, toma nota

n    Espera que no encuentro el boli.- Siempre me pasa lo mismo. A pesar de que siempre llevo unos cuantos bolígrafos y lápices, cuando más los necesito no hay manera de encontrarlos. Me levanto y entro en el Casal. Pido un boli a la mujer que está en la barra.

n    Dime Raúl.- Tomo nota del número. - Vale, gracias. Es un dato muy curioso.

n    Pensé que te haría gracia. No me cuadraba mucho que esta gente se gastara tanta pasta en un coche así. Sobretodo con la fama de racanos que tenían. ¡ Y sólo hay que ver el 127 Fura con 18 años, que seguía conduciendo el amigo !.

n    Si, es bien extraño. A no ser que les hubiera caído alguna herencia, o les haya tocado la lotería., o algo así..

n    O les haya caído un becerro de oro en la cabeza, je, je…

n    Eres de lo más gracioso, amigo. Oye, ¿se sabe algo del hermano de Venezuela? Igual han heredado de él, o les ha pasado una pasta.

n    No, aún no han dicho nada de la embajada. Llamaré dentro de un rato.

n    Mejor llama ahora. Si hay alguna novedad ya sabes donde encontrarme. Ah, se me olvidaba, ¿ se sabe algo del análisis del cava ?.

n    No. Me dijeron que sabrán algo esta tarde.

n    Vale, hasta luego.

n    Adeu.

Apuro la cerveza y ante la falta de recursos para hacer avanzar la investigación, mi mente escapa hacia el pasado. Recuerdo los tiempos en que empecé a trabajar por estos barrios. Nos mandaron, a una nueva promoción de policias, para intentar calmar los ánimos, después de una temporada en que habían campado por aquí Rodríguez Argüelles y su panda. El clima era de revuelta callejera y uno de los centros neurálgicos era el bar que tengo enfrente. Un antro donde se bebían grandes cantidades de cerveza, se podía comprar chocolate, atronaba la Polla Records a todas horas y se desarrollaban revoluciones anarquistas de barra de bar. Argüelles había organizado algunas redadas, subfusil en ristre, que habían acabado como el rosario de la aurora ( no era de extrañar en él, después de su brillante acción antiterrorista, precursora del estilo GAL, en que fue detenido por los gendarmes franceses junto a tres geos, mientras vapuleaban a un etarra en una carretera secundaria). El punto álgido fue cuando metieron a quince jóvenes en la Modelo, acusados de intentar asaltar la comisaría de San Andrés durante un Carnaval. No se lo podía creer nadie, ¡ ni que estuviéramos en Filipinas !. El caso es que nos encontramos con un panorama muy excitado, con los vecinos soliviantados contra la policía e incluso con el Ayuntamiento de uñas contra nosotros. Sólo con tiempo y discreción se han ido olvidando, un poco, de nosotros.  

Mientras conduzco hacia casa intento recomponer el orden de los acontecimientos. Es claro que Ayarza esconde algo. Que la felicidad del viejo no estaba relacionada con un viaje al cometa Hale-Bopp, sino con la cantidad de dinero, indeterminada, pero importante, que pensaba recibir, o había recibido. Nada más entrar en casa descanso el revolver sobre la mesa y llamo al concesionario de Mitsubishi.

n    ¿ Con el Sr. Olivares, por favor ?

n    Si, soy yo.

n    Hola, soy el inspector Manuel Esteban. Ha hablado usted con mi compañero Raúl Marin.

n    Ah, si, si, hemos hablado hace un rato.

n    Quería ver si me podía aclarar alguna duda que tengo respecto al encargo que le hizo el sr. Fernando Cobos.

n    Si, como no, dígame.

n    Pues me gustaría saber como pensaba pagarle el coche.

 ¿ Hablaron de algún tipo de financiación ?

n    No, me dijo que lo pagaría al contado. Me sorprendió un poco, pues tenemos financiaciones en tres o seis plazos, con intereses muy bajos. Pero él prefería pagarlo de golpe. También es verdad que al pagarlo así se ahorraba unas 100.000 pesetas. Pero eso no parecía preocuparle. Más bien me dio la impresión de que quería matar el tema rapidamente.

n    ¿ Sobre que hora vino a verle ?

n    Sobre las doce, más o menos. Ya venía con la idea fija del coche que quería. Era como si lo hubiera pensado durante mucho tiempo, pues hasta sabía todos los complementos que quería añadirle. No hizo falta vendérselo.

n    Pues muchas gracias por su información.

n    De nada, para lo que deseen, aquí estamos.

Realmente estoy bloqueado con este tema. Saco un cinzano de la nevera y pongo en marcha el ordenador. Intento moverme con el Internet Explorer, pero a estas horas la velocidad para cargar una página Web es desesperante y opto por salir rapidamente. Juego una partida al Doom y, aburrido voy a mirar si tengo algún e-mail. Hay dos. Uno es de Ángela. Subject: habibi, habibi, habibi. - M’agraden los teus mitjonets!!!!!!!. T’estimo, molt. A la meva manera.(3) - Se ríe de mis calcetines color cyan, que le producen una agridulce sensación de gracia y repulsión. El otro mensaje es de un elemento que ha abierto una agencia de contactos sexuales hots, en grupo. Lo envío a la carpeta sexpending. Desconecto, desanimado, la máquina. Me doy una ducha y como no me resbala ninguna idea genial para resolver el caso, decido irme a dar un paseo. En el primer quiosco que me encuentro Ramblas arriba compro el periódico y me dejo empujar por las oleadas de guiris en viaje de fin de estudios. Un par de magrebíes rondan tras los bolsos de un amplio grupo de jubilados nórdicos. Paso de ellos. Que (3) ¡¡¡¡¡Me gustan tus calcetinillos!!!!!! Te quiero, mucho. A mi manera.

los controlen los urbanos. En todo caso, si les roban algo, estarán colaborando en compensar el desequilibrio económico Norte/Sur. Además, tengo problemas más urgentes.

Me introduzco por las callejuelas del Gòtic hacia la Plaça del Pi. Es un ambiente que siempre me ayuda a reflexionar. Hoy se me intercala, continuamente, el deseo de Ángela entre las piezas del puzzle criminal. Tomo otro cinzano y unas patatas en la terraza del bar del Pi y me sumerjo en un monográfico sobre literatura japonesa que trae el Babelia. Hay una entrevista a un escritor japonés. Explica una de las experiencias que más le han compensado por ser escritor, que más han llenado su ego de placer: Un día se fue a Roppongi, un barrio de vicio y perversión, y en una barra americana se encontró con una chica, con el cuerpo plenamente decorado por bellos tatuajes. Cuando ella supo quien era le dijo: < He leído tus libros. Me gustan mucho. Creo que escribes al mismo nivel que Jean Genet >. Nadie le podía haber dicho nada más bello respecto a su trabajo. Vuelve Ángela, el reflejo de su cabello rubio se interpone entre mis ojos y el diario. Se entremezcla sobre la fotografía de un japo de peinado ultramoderno, de rasgos bellísimos, con pómulos aerodinámicos.

Voy a comer unas fajitas a un mexicano. Me rodean marines americanos por todas partes menos por una, en que se encuentran tres preciosas adolescentes, estilo Kate Moss. Después de tanto cinzano y la Coronita, incluso intento coquetear con una de ellas. No me hace ni puto caso. Vuelvo a razonar entorno al cerco a Antonio Ayarza. Mi intuición y sus nervios indican que por aquí se puede abrir una brecha para encontrar la solución del caso. Cuando acabo de comer llamo a comisaría, pero no encuentro a Raúl. Me voy para allá. Odio trabajar encerrado en el despacho, pero a veces es estrictamente necesario. Localizo a Raúl por el busca.

n    Oye, quiero que investigues al director de la sucursal del Banco Pastor donde tenían la pasta los difuntos. Se llama Antonio Ayarza. Ya sabes, me interesa sobretodo si tiene algún rollo raro, si está enganchado al juego, a la cocaína, si es aficionado a los chaperos, a las travestis, no sé, algo interesante. Me da en la nariz que éste tío nos dará una sorpresa. Si acaso, ya hablaré con el jefe para que te ponga a alguien que te eche una mano. Tendríais que seguirle durante unos cuantos días.

n    Vale, jefe, de acuerdo.

Llamo a la jueza para explicarle mis sospechas. No puede atenderme, me dice su secretario. Le digo que no le comunique que he llamado, ya le telefonearé yo más tarde, no es nada importante. Me comenta que el resultado de las autopsias ha dado muerte por opiáceos, en una concentración bestial, como para matar a un elefante. Esto me confirma la teoría del asesinato. El que lo hizo se quiso asegurar de que no volverían a despertar del bello sueño. Más tarde, llegan las pruebas del laboratorio. En las dos botellas vacías no han hallado ninguna sustancia extraña. La droga debieron ingerirla aparte de la bebida, o bien el asesino ha cambiado las botellas narcotizadas por otras, también vacías, pero limpias de sustancias alucinógenas.

 

A la mañana siguiente llamaron de la embajada de Venezuela. Habían localizado al hermano, Tomás Cobos, en Barquisimeto, en la zona de Maracaibo. Lo envían para España en el primer vuelo, tan pronto como pueda dejar arreglados todos sus negocios. Por la tarde tuve una larga charla con Marta Solera. La prensa le agobia, no dejan de salir especulaciones, a cual más disparatada, sobre las razones de las muertes. En algo estamos de acuerdo casi todos los chicos de la prensa y yo. Que ha sido un asesinato múltiple. Ahora, las conclusiones a las que llegan son bastante curiosas, tanto más pintorescas cuanto más amarilla es la publicación: que si ajuste de cuentas en la mafia gallega de la coca - El Periódico - , que si conexiones con la tríada china - El Mundo -, todo por que una de las chicas tenía una amiga coreana, que si ritos satánicos, jugando con el número de calle, 66 y el número de muertos 5+1 el asesino diabólico = 666, - Diez Minutos -.  Creo que a la jueza no le gustan demasiado mis intuiciones indagatorias. Quiere resultados, y rápido. Estoy por invitarla a cenar y a tomar unas copichuelas, pero en seguida recuerdo su rostro crispado, su manera, tan sexy, de humillarme toda las veces que puede, y a ser posible delante de cuanta más gente mejor. Le aseguro resultados fulminantes y me despido muy, hipócritamente, amigable.  

 Pasaron tres días sin avances en la investigación y en que parecía, para nuestra suerte, que la atención informativa iba siendo ocupada por otros asuntos más frescos, como la nueva matanza de decenas de campesinos en Argelia por unos paramilitares disfrazados de integristas o por unos integristas disfrazados de militares, o la absolución de Mario Conde del delito de estafa por que no se había podido demostrar que detrás de la sociedad TransLladre estuvieran él o sus testaferros. Dormitaba delante del ordenador, hipnotizado por la barra que me indica los segundos que faltan para que baje una foto de pedofilia tailandesa, que venden desde un servidor de Salamanca, cuando llamaron a la puerta.

n    ¿ Quién es ?

n    Soy Raúl, ábreme.

Aunque la voz metalizada podía ser la de cualquiera, esa coletilla expeditiva sólo puede ser suya.

n    Hola, traigo noticias interesantes. - Y se introduce en la cocina. Ya sabe donde están las cervezas - ¿ Te cojo una cerveza, eh? - En realidad ya la ha cogido y viene bebiendo de ella por el pasillo. Espero que se la haya ganado.

n    ¿ Qué es lo que has descubierto?

n    ¡ Agárrate ! Nuestro amigo Ayarza es un asiduo de las barras americanas de la zona de General Mitre. Alto standing. Lo han reconocido una docena de chicas, de tres antros diferentes. Un poco excesivo para un director de sucursal de un barrio periférico,  ¿ no te parece ?.

n    Hombre, igual le hacen rebaja.

n    No creo. Además tiene una chica fija. Una mulata espectacular. Se hace llamar Jenny y dice que es dominicana. La he podido identificar, y en realidad se llama Olga Chávez y es cubana, de Camagüey. Parece ser que nuestro amigo está coladísimo por ella, hasta el punto de haberle puesto un apartamento y todo.

n    ¿ Cómo ? - la historia empieza a desperezarme.

n    Si, le ha puesto un estudio en Paris/Villarroel. He ido a visitarla, pero no responde nadie. Hace unos días que no se le ve el pelo. He estado buscándola por todas partes, pero no ha habido manera de localizarla. La Julia, un transexual muy amiga suya, me ha dicho que la vio el sábado de la semana pasada, la encontró muy excitada, muy contenta, fumando un cigarrillo detrás de otro. Desde entonces no la ha visto nadie. Es extraño. Por lo demás, nuestro amigo Antonio hace su vida rutinaria, sin moverse un ápice de la normalidad bancaria. Estos días no ha visitado los garitos de la zona alta, ni ha ido por el piso de la caribeña.

n    Muy bien. Seguid buscando a la mulata. No creo que pase muy desapercibida.  

n    Como no se la haya tragado la tierra…- Y enciende el televisor. Zapea en busca del partido del Barça, hasta que lo encuentra. Realmente me resulta un poco excesiva la familiaridad que me está cogiendo este novato.- La encontraremos, jefe.

n    ¿ Has averiguado algo de los libros sobre ovnis que tenía el chico en su habitación?

n    No. Son ediciones antiguas. Seguramente fueron compradas de segunda mano, en el Mercat de Sant Antoni, en los Encantes o en alguna librería de viejo. No hemos encontrado ninguna pista del comprador.- está claro que le interesan más los remates de Ronaldo que los cabos sueltos de la investigación. Yo también me tomo una cerveza. 

Al día siguiente nos desayunamos con el cadáver de Antonio Ayarza. Lo ha encontrado la señora que va a hacerle la limpieza cada día. El cuerpo está con el rigor mortis, amoratado. Debieron asesinarlo ayer por la noche. Está en la cocina, tirado boca abajo, con restos de un vaso, estrellado contra el suelo, en una mano. La cabeza totalmente destrozada. Antonio preparaba unas copas, confiado. La persona que lo mató vino por detrás y le metió dos disparos por la espalda. Por si acaso, lo remató con un tiro en la cabeza. Debió utilizar silenciador, pues ningún vecino escuchó las detonaciones. Los de la científica buscan huellas en los pomos de las puertas, en el vaso que hay sobre la encimera. Pero si el asesino ha utilizado un silenciador, también habrá utilizado guantes, y habrá ido con mucho cuidado de no dejar rastros. Llega el juez de guardia. Le informo que seguramente el asesinato está relacionado con otro caso que lleva la jueza Marta Solera. Él la llama y ella le dice que viene inmediatamente. Pienso en la relación entre todos estos sucesos: ¿ Fue Antonio Ayarza el asesino de la familia Cobos ?, y si fue así, ¿ actuó sólo ? y ¿ qué cantidad de dinero le movió a cometer tal atrocidad ?. Para darme tiempo me dedico a fisgonear por el piso. En los armarios encuentro flamantes trajes, de lujosas marcas. De un cajón extraigo un calzoncillo Calvin Klein y, por un momento, estoy tentado de meterlo en mi cartera. Pero enseguida recuerdo que soy policía, y me autocensuro. Intento resituar las piezas del puzzle: la familia asesinada, la mulata, el asunto de “mucho dinero” que tenía que hablar el sr.Cobos con Ayarza antes de morir, la confiada muerte de Ayarza. Entro en el baño. Hay varias estanterías con colonias y variados frascos de lociones y cremas. En uno de los estantes los frascos están tirados, como si alguien los hubiera volcado con violencia. Me sugiere que el asesino podía estar buscando algo ansiosamente. Intuitivamente cojo la botella volcada de Dolce & Gabbana pour homme, que es la que utiliza Ángela ultimamente. De lejos, el olor me trae recuerdos del tacto de su cuerpo. Cuando la acerco a mi nariz, el olor penetra en mi cerebro y da unidad a todos mis sentidos, de repente, como cuando se unen con una línea estrellas, hasta ese momento aisladas en el firmamento, y se crea el dibujo de una constelación, el guión se ordena y la felicidad del sr.Cobos la mañana del asesinato, el premio de la primitiva con ganador desaparecido y el asesinato de Ayarza, cobran un sentido conjunto, lineal.

n    ¡ Pero que imbécil !

Raúl me mira ofendido, pensando que me estoy refiriendo a él.

n    Raúl, tío. Llama rapidamente a los de la Lotería Nacional. Pregunta si el premio de la Primitiva del 13 de Marzo, el de los 1.300 Kilos, lo ha cobrado alguien ya. Que me temo que si…

n    De acuerdo, volando voy.

n    Ah, y lanza una busca y captura urgente a aeropuertos y puertos y demás, para detener a la mulata.

n    Si la orden de busca y captura ya la dimos hace unos días.

n    ¡ Pues insiste ! Estoy seguro que debe querer salir urgentemente del país.

n    Vale, vale.- y se va corriendo.

¡ Que lista la cubana ! Al sr. Cobos le tocaron los 1.300 y pico de millones. En su discreción habitual no dijo nada a los miembros de su familia, quizás por que no se fiaba de que pudieran mantener la boca cerrada. ¡¡ Gran fallo !!, eso le costaría la vida. Se fue al banco en cuanto abrieron, a ingresar en lugar seguro el boleto. Ayarza alucinó con tanto dinero. Cuando supo que no se lo había dicho a nadie, se le encendió la bombilla y  empezó a pensar que podría hacer él solito con toda aquella pasta. Le hizo ver que ingresaba unos millones en su cuenta, le dió un comprobante del depósito del boleto e hizo como si guardara el boleto en la caja fuerte. Antes de irse le insistió machaconamente al buen señor que no se le ocurriera comentarlo con nadie, que no hiciera nada extraño hasta que se cobrara el dinero, no fuera que intentaran secuestrarlo a él o a alguien de su familia. Le dijo que él, personalmente, le llevaría una caja de cava esa misma noche para celebrarlo y dar la buena nueva a toda la familia. Pero el pobre hombre no pudo aguantarse y fue a cumplir su sueño de años, que era tener un Mitsubishi de gama alta, y fue a encargarlo. Por lo demás, siguió la vida rutinaria, trabajando en el bar como cada día, para no levantar sospechas. Antonio apareció por la noche con algunas botellas de cava narcotizadas, brindaron por el feliz acontecimiento y cuando todos estuvieron dormidos les hizo ingerir unas dosis de opiáceos de las que se utilizan para dormir a los caballos en las operaciones. Después montó la pantomima de las capuchas y el suicidio ritual. Mecanografió la nota en la máquina de escribir. Recogió la libreta con el ingreso ficticio de la mañana y el justificante de ingreso del boleto premiado. Todo bastante bien. Pero él no podía cobrar el premio directamente. Necesitaba a otra persona que no tuviera nada que ver con los muertos y que pudiera cobrarlo por él. Y aquí entra su amiga, la mulata. Es ella la que cobra el premio, se lo ingresa en una cuenta y después, como no necesita a nadie con quien gastarse el dinero, mata a Antonio y se marcha con el dinero. Jugada maestra de la muchacha  ¡ Además de guapa, lista !.  

Han pasado quince días desde la muerte de Ayarza. Una auditoria ha descubierto un agujero de 20 millones en su sucursal. Antonio había ido financiando su amor por la mulata con el dinero de algunos jubilados con jugosas cuentas corrientes. Quizás sea esta una de las razones que le impulsó a cometer los asesinatos. No sabemos nada de Jenny, Olga Chávez o como quiera que se llame la mulata. Debe haberse cambiado el color de la piel o se habrá ido a algún país donde su color pase más desapercibido que aquí. De todos modos, con esa cantidad de dinero con la que se fue no creo que la miren mal en ningún sitio del mundo. Del dinero tampoco sabemos mucho más. La chica lo ingresó en una cuenta de un banco suizo, y el mismo día lo envió,  cambiado en dólares y marcos alemanes, a dos sociedades, una en las Islas Caimán y la otra en Costa Rica. Y aquí se pierde la pista, aunque seguro que el dinero ya no está en estas sociedades. 

¡ Se preparó bien la muchacha !. En los tres días posteriores al asesinato múltiple se desplazó a Ginebra ( la policía suiza la ha identificado con un pasaporte español a nombre de Gracia Márquez), abriendo una cuenta numerada en la Unión de Bancos Suizos. Pasó una noche en el hotel Leman y, seguramente, contactó con algún asesor que le ayudó a legalizar las sociedades. Aunque esto no está claro si lo hizo desde Barcelona o desde la Confederación Helvética. O desde cualquier otro sitio.  

Voy a buscar a Ángela con mi coche. He conseguido secuestrarla tres días y llevármela a tomar el sol en Llafranc. Llamo a su puerta y me hace subir. Cuando llego a su piso comprendo para que me ha hecho ascender los cinco pisos sin ascensor.

n    ¡¡ Pero si sólo nos vamos tres días !!¡¿Donde vas con tanta maleta?!

n    Bueno, llevo lo indispensable. Y algunos proyectos que me tengo que hojear, en algún ratillo en que me dejes...

n    Ah, ¡eso si que no!. De trabajo nada de nada. Si yo desconecto del trabajo, tu también tienes que hacerlo.

n    Sólo echarles un vistazo, venga…- y me agarra por el brazo, implorándome con tono lastimero.

No habrá más remedio que dejarle hacer lo que le apetezca. Sino, lo hará igual. Cargamos el equipaje, que cabe a duras penas, después de darle muchas vueltas a la colocación de los bultos, y emprendemos ruta hacia el  Empordà.  Suenan los Doors y cae una tormenta sobre L.A.. Ángela me mira con ojos que empiezan a pesarme de lo insistentes en su observación de mí.

n    ¿ Qué tengo algo en la cara ?- y me toco la nariz, por si tuviera algún moco saliéndose por los orificios.

n    No tonto, no tienes ningún moco. Estaba pensando, - hace una pausa sincopada, muy teatral - bueno, pensaba si te gustaría que nos fuéramos a vivir juntos, tu y yo.

 Esto no me lo esperaba. ¿¡ Lo dice en serio !?. La miro estupefacto. Vuelvo a mirar a la carretera, vuelvo a mirarla esperando que se ría y diga: ¡ Es un chiste, so tonto !. Pero no dice nada, sólo me mira con ojos de niña enamorada.  Una vida en común. Niños. Cuentas en el banco, responsabilidades, casa, pañales…

La carretera empieza a difuminarse, los carriles se entrecruzan y tengo que detener el coche en al arcén.

n    ¿Te encuentras mal?

n    Sólo un poco mareado. - Me paso la mano por la frente. Transpiro  gotas de sudor helado. - ¡ Es que me lo sueltas así, de repente !

n    ¿ Y cómo quieres que te lo diga ? Sólo era una hipótesis, una opción a tener en cuenta.

n    Bueno, no sé. No es mala idea. Tal vez - tomo aire - podríamos hacer una prueba. - Y me salva la campana de su teléfono móvil. Está a punto de coger la llamada , pero se lo piensa, lo deja sonar un buen rato mientras se lo mira, indecisa. Ella lo desconecta.

Y nos damos mil besos, después cien, después mil más, después todavía cien más. Cuando hemos llegado a varios millares de besos, olvidamos la cuenta. Y nos seguimos besando. 


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