Un cuento para cada día
Alhaurín de la Torre, 20 de febrero de 2003
6:58
a.m.
Me levanté bruscamente. No había otra forma.
De repente sentí como mis sueños eran cortados violentamente por un
sable. Ya despierto, el mismo pensamiento que venía dando vueltas por mi
cabeza, desde hacía tres meses, la volvía a tomar por asalto. Era
imposible dejar de pensar en ello. Sin embargo, hoy, algunas horas más
tarde, todo ese malestar habrá terminado.
Inesperadamente una hermosa relación se
había convertido en todo lo contrario. De la noche a la mañana el sueño se
volvió una horrible pesadilla. Era increíble. No obstante, por la noche me
encontraría con ella. Misma hora, mismo lugar. De testigos: una mesa, dos
sillas y las cuatro paredes de una antigua cantina del centro de Lima.
Ya podía imaginar la escena: nos miraríamos
las caras, expondríamos nuestros argumentos y finalmente decidiríamos si
la relación continuaba o terminaba. Para ambas circunstancias estaba
preparado pero para lo que no estaba era para que esta ansiedad
continuara.
5:17 p.m.
Desperté de pronto. Era la sexta vez que lo
hacía en ese terrible día. Ahora, a diferencia de la primera vez, me
desperté naturalmente; es decir, abrí los ojos simplemente porque mi
cuerpo así lo quiso. Ningún sable lo interrumpió en esta ocasión. No fui a
trabajar, no desayuné, no almorcé, es más no salí de mi habitación durante
el día.
La ansiedad por conocer la respuesta
empezaba a molestarme realmente. Ya podía sentirla por mis piernas, como
avanzaba poco a poco, como subía gradualmente, como ganaba terreno en mi
territorio. Era una bola de nieve que descendía a 10 km. /h.
Decidí darme un baño y así lo hice. Durante
éste me masturbé para bajar en algo la bola de ansiedad. Después
meticulosamente me vestí. Uno a uno, pieza a pieza, fingiendo estar
calmado, calculando. Talco en los pies, dedo a dedo; medias limpias, truza
limpia, desodorante a las axilas, pantalón limpio y camisa limpia.
Finalmente me cuadre ante el espejo, arreglé los pocos pelos que me
quedan. Miré fijamente mi reflejo y llegué a la conclusión de que nada
descubría .
Antes de salir hacía la cita, encendí el
componente e introduje el c.d. sueño stereo de soda. Escogí la pista
2,disco eterno, y la programé para que ésta de vueltas, vueltas y más
vueltas. Aplaste play, el c.d. empezó a girar y ese segmento de mi
vida de alguna manera también. El volumen lo dejé 5 puntos antes del
máximo, el sonido era casi insoportable, los parlantes vibraban como un
maldito corazón enamorado, acelerado y celoso.
La historia realmente empieza aquí el resto
es simulacro.
Bajé las escaleras tal como me vestí: len-ta-men-te,
pau-sa-do. Casi como pidiéndole permiso a mis piernas. Justo antes de
abrir la puerta, parado exactamente en el felpudo que dice welcome, un
aire frío recorrió mi cuerpo de abajo hacia arriba, me estremecí y luego
respiré profundamente tal como lo indican los manuales hindúes. De pronto:
"......poner un disco eterno/ y moverme tornasol/ un espíritu/ a veces
seguro/ otras veces incierto/ quiero descubrir/ porque este deseo
crece......." Cerati y su pandilla arremetieron.
10:00 p.m.
La esperé sentado en el bar hasta que
escuché : "señor es hora de cerrar". Nunca llegó. Eso significa una sola
cosa. Pero ahora ya no importa.
Ahora, después de 5 horas, me encuentro
parado en el mismo lugar: la puerta de mi casa; escuchando la misma
canción: disco eterno; sintiendo la misma sensación: una lenta bola de
angustia y por alguna razón ese frío mentolado recorriendo otra vez mi
cuerpo que descansa sobre un felpudo que da la bienvenida.
"........oir un
disco eterno
girar en
tornasol..........." G.Cerati.