Un cuento para cada día    Alhaurín de la Torre,  13 de febrero de 2003

No lo crean

Ángel Gabriel Olivo Díaz  Lanzarote  (Canarias) España  olivo@lix.intercom.es

Siempre confío en mi despertador electrónico para despertarme. La verdad es que no se trata de ninguna obra maestra de la relojería, pero hasta hoy nunca había fallado y, teniendo en cuenta lo que me había costado, se ha portado extraordinariamente bien. Pero hoy, precisamente hoy, se le han acabado las pilas. ¿Creen que me he quedado dormido por eso? No lo crean.

No suelo quedarme dormido y lo normal es que ya esté despierto cuando suena, pero por si acaso, lo tengo como garantía. Hoy no ha funcionado, pero es lo mismo.

Claro, ustedes creerán que ya estaba despierto cuando tendría que haber sonado. Pues no lo crean.

Hoy estaba dormido, y no me desperté hasta un par de horas después, ya estaba bien entrada la mañana y el sol entraba por una rendija de mi persiana, y ha sido ese rayo de sol el que me ha despertado. Me he levantado y he preparado el desayuno. Un buen desayuno es fundamental para comenzar el día con energía; además, me gusta ver la televisión cuando desayuno. Supongo que estarán pensando que hoy he llegado tarde a trabajar. Están equivocados.

Estoy de vacaciones. Durante 11 meses al año trabajo como pasante en una notaría, y el mes restante lo paso en la casa de la playa. Hoy no tenía que trabajar, lo único que tenía que hacer era ir al aeropuerto a media tarde. Claro, ustedes creerán que hoy empiezan mis vacaciones. No lo crean, no es así.

Hoy terminaban mis vacaciones. He disfrutado de un maravilloso mes y vengo con las pilas cargadas (al contrario que mi pobre reloj), dispuesto a enfrentarme a una enorme cantidad de papeles durante un año más. He ido al aeropuerto y he cogido el vuelo que me traía de vuelta a casa. Quizá parezca que mi historia termina aquí (y eso es cierto más allá de lo que ustedes creen), y si lo desean pueden terminar aquí la lectura. Tal vez sea preferible dejar el relato aquí. Un hombre que vuelve de sus vacaciones. FIN. Yo por mi parte voy a seguir contando el resto y les aseguro que es todo cierto,.... aunque no lo crean.

Mi vuelo ha sufrido un accidente. Ya les he dicho que quizá era mejor terminar el relato antes, pero si siguen interesados, les contará lo del accidente. Bueno, tal vez no haya sido un accidente sino un atentado. ¿A quien le importa? El caso es que ha explotado en el aire en mitad del océano. La semana pasada ocurrió algo parecido y no hubo supervivientes. ¿Creen que hemos muerto todos? No lo crean.

Se trataba de un avión moderno, con pocas horas de vuelo. Estaba casi nuevo y en perfectas condiciones. Acaba de pasar una revisión esa misma semana con resultados más que satisfactorios en todos los aspectos, y eso que las revisiones a las que se someten los aviones son especialmente duras, y no como "pasar la ITV". Era en definitiva una joya de la ingeniería aeronáutica. Nadie cree que el accidente se haya debido a problemas mecánicos. Sin embargo, un avión muy similar, que hacía la misma ruta que el que yo he tomado, tuvo un accidente mortal la semana pasada. ¿Creen que ha sido un problema mecánico?. ¿Creen que es una coincidencia?. ¿Creen que es un error de fabricación?. ¡Qué inocentes son ustedes!. ¡N0 CREAN NADA DE ESO!.

Nuestro piloto tenía tres veces más horas de vuelo que el mínimo exigido para la conducción de aviones de este tipo. Era, de hecho, el piloto con más experiencia en este modelo determinado de aviones. Al mismo tiempo, sus ayudantes tenían una preparación excelente. Cualquier miembro de la tripulación, incluyendo a las azafatas, hubiera sido capaz de realizar un aterrizaje de emergencia en caso de ser necesario. Es más, estoy por decir que seguro que alguno de los viajeros también estaba capacitado para pilotar el avión. Se diría que los indicadores estaban de más en aquel avión; ya que sólo con escuchar cualquier tripulante hubiera detectado las posibles anomalías. No quiero decir que el piloto "condujera de oído", entiéndanme bien. Lo que quiero es hacerles ver que la profesionalidad y las capacidades de nuestra tripulación están fuera de dudas. Se descarta, por inverosímil, la idea de que el accidente se haya debido a un fallo humano. Sin embargo, compañeros de promoción de la tripulación tuvieron un accidente mortal una semana atrás. Ustedes no creerán que haya sido un fallo humano ¿verdad?.

En el momento del accidente hacía un tiempo extraordinario. La visibilidad era excelente y, ni había ni se esperaban cambios atmosféricos en las próximos horas. A causa de un retraso en el aeropuerto debido a una inspección aduanera especialmente rigurosa, se había dado prioridad absoluta a nuestro vuelo, por lo que no había ningún avión en la zona.

Era como si nos hubieran hecho un pasillo. Recuerdo que sonreí al imaginarme a nuestro avión con una gigantesca sirena a modo de ambulancia o de coche patrulla. Más que increíble, hubiera sido imposible que se produjera una colisión en el aire en esas condiciones. Pero hace tan sólo una semana que en circunstancias similares se produjo un accidente. Ustedes no creerán que haya habido una colisión. No claro que no. No pueden creer eso.

En mi vuelo se habían extremado las medidas de seguridad. No se nos había permitido subir a bordo con equipaje de mano, por pequeño que éste fuera. Nuestras maletas fueron revisadas manualmente una por una y no se detectó nada extraño. En realidad, los agentes no estaban buscando bombas, sino un alijo de heroína, pero de haber habido algún artefacto explosivo, lo habrían detectado. Esta exagerada inspección fue la que motivó que saliéramos tarde y nos hicieran el "pasillo" del que les he hablado antes. La hipótesis de que hubiera explosivos en alguna maleta no es verosímil. ¿Creen que es la primera vez que pasa?. No lo crean, es la segunda: la semana pasada pasó lo mismo.

Las cabinas de los aviones están siempre presurizadas. De lo contrario, los pasajeros moriríamos, bien sea de frío, bien de asfixia, ya que en altitudes muy elevadas (y nuestro avión casi se salía de la atmósfera) la cantidad de oxígeno se reduce considerablemente. En esas condiciones, es increíble que algo llegue a arder. Increíble pero cierto. De hecho ya ocurrió la semana pasada. Sí, aunque no lo crean, la semana pasada ardió un avión en pleno vuelo. A fuerza de ser sinceros, también mi avión ha ardido.

Así pues, es muy difícil de creer que se haya producido el accidente. Pero en algún lugar al oeste de Seattle, los restos de un avión se hunden en el mar. Se han rescatado un montón de cadáveres; prácticamente todos, aunque todos irreconocible. Los tiburones no han dejado gran cosa. Nadie cree que haya supervivientes. Muy parecido a lo que sucedió la semana pasada, exceptuando que esta semana SI se han recuperado cadáveres. La gente empieza a creer que la línea está maldita. Bueno, ustedes, ¿no creerán en supersticiones?

Les doy una segunda oportunidad de dejar de leer. Déjenlo aquí. Es la historia de un hombre que vuelve de vacaciones y sufre un accidente y muere. No es una maravilla de historia, pero no está mal, y en cualquier caso, ES MI HISTORIA. Si a pesar de todo quieren seguir leyendo, adelante.

Nadie cree que haya supervivientes. Por lo tanto, yo debería estar muerto, pero el caso es que YO NO CREO que esté muerto. Y no lo creo porque estoy escribiendo esto en un pequeño aeródromo cercano a San Diego. Por supuesto, ahora ustedes estarán pensando que yo he sobrevivido. Pues, por extraño que parezca, no lo crean. No sobreviviré.

Nuestro avión paró aquí de manera imprevista. Nos hicieron bajar para hacer una "escala técnica". No debimos haberles creído, ya que nada más bajarnos el avión volvió a despegar. En cuanto tomó la altitud suficiente, vimos que alguien saltaba en paracaídas. Poco después nos enteramos del accidente y creímos ser muy afortunados. ¿Creen que fuimos afortunados? Pues no lo fuimos.

No debimos creernos afortunados. En realidad nos sorprendió muchísimo que se hubieran recuperado cadáveres, ya que todos nosotros, incluyendo la tripulación, estábamos en el aeródromo. El hecho de que los pilotos también estuvieran con nosotros nos llamó terriblemente la atención. ¿Quién pilotaba entonces? y, lo que es más importante, ¿quiénes eran los cadáveres encontrados? Creímos que sería mejor saberlo. Supongo que ustedes también lo creen.

Creíamos mal. No estamos muertos, todavía no, pero es como si lo estuviéramos. Baste decir que nuestros cadáveres aparecerán seguramente la semana que viene, aunque nadie creerá que sean los nuestros. También diré que, a pesar de que se nos confunda y se nos olvide, seguiremos viviendo en el interior de muchas personas. Sí, creo que este final romántico les gustará. ¿Creen que seguir viviendo en el interior de muchas personas es romántico? No lo crean, no tiene nada de romántico. Irónico tal vez, pero no romántico; y, desde luego, absolutamente literal.

Claro, que a lo mejor ustedes prefieren saber que vamos a ser asesinados para vender nuestros órganos. Así pues, si alguno de ustedes necesita un trasplante, creo que ésta será una buena noticia. De todas formas, aunque le aseguren que ese órgano que necesita era de un joven que tuvo un accidente de moto ... NO LO CREAN.


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