Un cuento para cada día
Alhaurín de la Torre, Málaga, Andalucía, 11 de marzo de 2003
Trabajo
Marcelo Urizar murizarte@yahoo.com
El amor,
Es como un puñado de arena en tus manos.
Cuanto mas lo apresas,
Menos queda.
Un dia de este año 1998.
Inexorablemente trabajo. Trabajo, y no recuerdo en que momento cambié esa modalidad de juego que tenían los años de infancia junto a los abuelos, mis hermanos, los primos, los amigos del barrio, del club. Mamá limpiaba la gran casa, pedía que hiciéramos los mandados, me gustaba tanto hacer los mandados, solía quedarme con los vueltos. Papá regresaba los mediodía, las noches, algunas madrugadas subido de tono, y era el eje de las reuniones familiares del Domingo, aunque no gustase de ellas. ¿Ésta es una familia, ésta? Solía decir para mi madre cada vez que éramos reprendidos por una cagada. Un vaso roto, la ropa manchada, los zapatos arriba de la cama, la camisa fuera del pantalón. ¿Ésta es una familia? ¡Vergüenza, vergüenza, siento vergüenza! Solía decir papá caminando hacia su cuarto, donde dormía la siesta hasta las cuatro, cinco de la tarde. Y el silencio era reinado, por que los ruidos lo molestan, impiden que su ángel llegue a visitarlo. Solía decir que le molestaba encontrarse con sus hermanos, que se sentía diferente a ellos, que los amaba, pero, que le hacen preguntas difíciles de responder, que él aún aguarda respuestas de sus padres, que ya no están aquí con nosotros, que él con unas copas de vino barato, somos humildes, o sea pobres, la humildad dejó de ser una virtud; decía que con unas copas de vino barato, adormecía el cuerpo, y gusta escuchar los partidos en el patio los domingos con el clásico de su equipo, que pocas veces logra disfrutar de esas tías mal habladas según él, los cuñados, las concuñadas, y mamá que disfruta a las carcajadas. Los domingos es el único día que veo a mi madre reír, reír con lagrimas. Es que el resto de la semana, los horarios, la ropa, la comida, algún comentario con las vecinas, el mercado, y la amarga dulzura de esperar a papá después de hora, para relatar lo que sucedió en casa durante su ausencia. Dice mi padre que se disfraza, hasta toma actitudes, gestos, y poses, que no acostumbra, tan solo cuando algún suceso le recuerda los domingos, ese maldito día de descanso para el trabajo, que el tanto gusta del silencio, y la casa explota de visitas, charlas desentendidas, gritos de chicos, histéricas adolescentes, fanáticos hinchas. Trabajo, es que inexorablemente trabajo. Trabajo. Desde que la salud de mi padre empeoró, trabajo. ¿Y es que será ese el momento en que decidí enfrentar a ese gerente y ofrecer lo que aprendí en un colegio bachiller, lo que me permití aprender hasta ese día, acordándome de las reglas, las normas morales, que hoy dudo sean la inspiración de otras generaciones en la familia?
Trabajo. Inexorablemente trabajo, por que ninguna herencia esta esperándome, y mi padre alcanzó a alimentarnos, darnos un techo, y ciertos retos, que hoy perdono, viéndolo en el lecho que esta conduciéndolo a otro lado. Los médicos no responden las preguntas que la familia esta haciéndoles, y sus gestos son poco esperanzados. Es que al viejo le ha dado todo, fiebre, dolor, vómitos, además de haber perdido no menos de diez kilos, el ultimo mes. Los domingos están celebrándose en casa de tío Pedro. El clima es desalentador, mas ese clima adverso se supera con cualquier comentario, como se oculta el auto-engaño con palabras que decoran el escenario. Serán días, meses, o años, pronuncian los médicos, que drogan a Pascual de vez en vez, deteniendo los vómitos, el dolor, mas que no tiran el rostro en pánico de él, la admiración por lo inesperado. Su mayor vicio, el vino, le fue retirado. También las rabias con mi madre, que hoy, descubre cierta ternura, sentido, a tantos años de estoico silencio; casi cuarenta. ¿Y el estoicismo, es prueba suficiente de Amor, o, excelsa capacidad de clasificación de una y otra cosa, la mia?
Inexorablemente trabajo. Desde que Pascual nos ha dejado el ultimo fin de semana del año, que es mas año que otros, por el engaño que cubrió a la familia, en sustentar el dolor, la debilidad, la tardía comprensión, del Amor de un hombre por su familia.
Inexorablemente trabajo, y es probable, que aquella entrevista con el gerente, la repentina enfermedad de Pascual, marquen el rumbo que he tomado, y es que preciso expresar el dolor de ese año, para encontrar sentido al dolor que absurdamente siento hoy, al ser despedido, con diez años de servicio, una miserable indemnización, del lugar donde logré darle valor, a lo invalorable, sostener opiniones, sin conocimiento de causa-efecto, crear un grupo de relaciones que hoy veo disipado, dividido por los intereses de conservar lo in conservable de un trabajo. Es que los productos, los servicios se consumen, y chau. ¿Será esto lo que hace buscar algo perdurable? Hoy el sufrimiento no es por Pascual, que en paz descanse, son mis hermanos, mi mujer, los tres hijos que a este mundo trajimos, mamá, que continua los domingos, ya sin tantas carcajadas como antes; da la sensación que no hay mucho de que reír, hoy miras la TV, y quedas impresionado por la violencia, el terror que existe en la tierra, y los profetas aún no llegan. Inexorablemente trabajo, y ya no recuerdo haber ganado la capacidad de reír, jugar, correr, descansar en la silla del abuelo por las tardes, admirarme por sucesos naturales, hoy todos comentan lo que sucedió en el televisor a tal o cual, hojean revistas de actualidad, como los álbumes familiares, haciendo comentarios de lugares a donde nunca llegaron.
Trabajo, trabajo, tapando agujeros que la familia denomina problemas, soy el gran solucionador, el mago, de un problema interior, que aun no resuelvo, arrastro por décadas, desde la infancia.
Trabajo, inexorablemente trabajo, y hoy recuerdo que hace dos años, conocí el mar por primera vez. Juan José y Clara, insistieron, y may estábamos todos, incluso mamá con setenta y tres años, descubriendo el verde, el blanco de la espuma, las conchas en la arena, el perpetuo sonido llamado silencio, el placer del horizonte, dorarse bajo el sol.
Inexorablemente trabajo, trabajo, sin encontrar sentido a los problemas externos que resuelvo. Trabajo, sin resolver un problema interno, y vivo constantemente en la inconstancia de que es bueno, y por otro lado malo.
Dar es poco.
Amar es mucho.
Amar es arte.
10 de março de 1998.
|
|