Un cuento para cada día
Alhaurín de la Torre, Málaga, Andalucía, 4 de marzo de 2003
Cada
nuevo día sorprende a Bob echado sobre un piso duro y frío. En realidad él
nunca está totalmente despierto ni tampoco dormido. Se encuentra en un
constante estado vigilante. Porque eso es lo que es, un vigilante. Una
especie de agente de seguridad a tiempo completo; sin armas, sin uniforme
especial, sin silbato. Sólo con sus propios recursos ante cualquier
eventualidad. Aparentemente un trabajo sencillo, sin embargo tiene sus
riesgos.
Un par de
años atrás, cuando dos ladrones incursionaron en la fábrica donde labora
Bob, él recibió un balazo. Una bala se incrustó en su cuerpo. A pesar de
ello, un testigo asegura, que Bob luchó contra los ladrones hasta lograr
su retirada y cuando estuvo seguro de que ya no regresarían se tiró al
piso a esperar lo primero que llegue.
A Bob lo
encontraron rodeado de un charco de sangre oscura, botando espuma por la
boca, con los ojos blancos, helado. Lo creyeron muerto.
No obstante,
lo llevaron de emergencia donde un especialista que logró salvarlo.
- ¡es un
milagro¡......¡es un milagro¡....- repetía constantemente éste, orgulloso
de su difícil y exitosa intervención.
Bob, una gran
cicatriz, producto de alguna de muchas peleas, cruza su robusta cara.
Tiene cinco años, 14 hijos, con tres parejas diferentes, y un largo
prontuario.
Esta es parte
de la historia de Bob, un fiel pitbull.